Transporte refrigerado para el sector cárnico: cuando cada grado cuenta

Mantener la cadena de frío, garantizar unas condiciones higiénicas adecuadas y disponer de trazabilidad durante todo el recorrido son requisitos esenciales en el transporte de productos cárnicos. 

La carne es uno de los productos que menos margen de error deja a la logística. Desde que sale de la planta de producción hasta que llega al distribuidor, al punto de venta o a otra industria alimentaria, mantener las condiciones adecuadas de conservación es indispensable para preservar su calidad, su seguridad y su vida útil.

Esta exigencia adquiere todavía más relevancia por el peso que tiene el sector en España. Según los últimos datos de ANICE, la industria cárnica española supera los 42.000 millones de euros de facturación, los 8 millones de toneladas de producción y los 11.600 millones de euros en exportaciones. Un volumen de actividad que necesita detrás una cadena logística capaz de mover producto refrigerado y congelado sin perder el control en ningún punto.

La temperatura no admite aproximaciones

En el transporte cárnico no basta con utilizar un vehículo frigorífico. Cada producto tiene unas características diferentes y necesita unas condiciones concretas de conservación en función de su naturaleza, presentación y estado.

Carne fresca, productos elaborados, aves o mercancía congelada no comparten necesariamente la misma temperatura de trabajo. Por eso, antes de cada expedición es fundamental conocer las necesidades del producto y preparar el transporte de acuerdo con ellas.

En Soapa Europa, los servicios de transporte y almacenaje a temperatura controlada trabajan con diferentes rangos térmicos en función de las necesidades de cada producto: desde congelado, entre -18 °C y -20 °C, hasta refrigerado, entre 0 °C y +4 °C. Pero tan importante como alcanzar el rango adecuado es mantenerlo estable durante todo el recorrido.

Una oscilación durante la carga, una puerta abierta durante demasiado tiempo, una espera imprevista en un muelle o una incidencia en ruta pueden comprometer el equilibrio térmico. De ahí que la cadena de frío deba entenderse como un proceso continuo, desde la recepción hasta la entrega.

Soapa ya ha abordado esta cuestión en su contenido sobre cómo gestionar productos en frío, donde analiza la necesidad de coordinar almacenaje, carga, transporte y distribución para evitar puntos débiles.

Higiene: el vehículo también forma parte del producto

En el sector cárnico, las condiciones higiénicas del transporte son especialmente importantes. La caja del vehículo constituye durante horas parte del entorno de conservación del alimento y, por tanto, debe encontrarse en condiciones adecuadas antes de realizar la carga.

La limpieza y desinfección de los espacios de transporte, el control del estado de los equipos, una correcta manipulación de la mercancía y la prevención de contaminaciones cruzadas forman parte de la operativa diaria.

También importa cómo se organiza la carga. Mantener una correcta circulación del aire frío, evitar una distribución que dificulte la refrigeración y reducir las aperturas innecesarias de puertas contribuye a conseguir una temperatura más homogénea.

Esta disciplina operativa es especialmente relevante cuando se gestionan rutas con distintas recogidas o entregas. Cuantos más movimientos se producen durante el trayecto, mayor debe ser el control para que la flexibilidad logística no termine afectando al producto.

Saber dónde está la mercancía y qué ha ocurrido con ella

La tercera gran exigencia es la trazabilidad. En un producto sensible no basta con saber que ha salido de origen y ha llegado a destino. Es necesario disponer de información sobre lo ocurrido durante el recorrido.

La monitorización permite conocer la localización de la expedición y registrar las condiciones de temperatura durante el transporte. Así, ante una posible desviación, es posible detectar la incidencia, analizar qué ha ocurrido y actuar con mayor rapidez.

Como explicamos en el artículo sobre cómo garantizar la trazabilidad en el transporte refrigerado, el registro continuo de temperatura, la ubicación de la mercancía y las alertas ante desviaciones aportan visibilidad a una cadena en la que cada etapa está conectada con la siguiente.

La tecnología, en este sentido, no sustituye a una buena operativa, pero permite controlarla mejor. Los sistemas de monitorización convierten el transporte en un proceso mucho más visible y facilitan una gestión preventiva en lugar de limitarse a comprobar el estado de la mercancía una vez entregada.

Una cadena de frío adaptada al sector cárnico

Trabajar para la industria cárnica exige combinar especialización, capacidad operativa y control. Las rutas deben planificarse teniendo en cuenta los tiempos de tránsito, las necesidades térmicas de cada mercancía, las operaciones de carga y descarga y las posibles incidencias.

Soapa Europa trabaja con productos de la industria alimentaria, entre ellos mercancía cárnica, mediante servicios de transporte refrigerado y congelado en España y Portugal, tanto en grupaje como en cargas completas y fraccionadas.

Esta capacidad permite adaptar el servicio al volumen y a las necesidades de cada expedición sin perder de vista el elemento esencial: preservar la cadena de frío durante todo el recorrido.

Porque en logística cárnica la calidad del transporte no se mide únicamente por llegar a tiempo. Se mide también por poder demostrar que el producto ha viajado en las condiciones que necesitaba desde el primer kilómetro hasta el último.

Y cuando hablamos de carne, ese control no es un detalle de la operación. Es parte del producto que finalmente llega al mercado.


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