Multitemperatura en una sola ruta: eficiencia sin romper la cadena de frío

Transportar alimentos a temperatura controlada no consiste únicamente en mantener frío el interior de un vehículo.

Cada producto tiene unas necesidades concretas de conservación y, cuando diferentes mercancías comparten una misma ruta, el reto se multiplica: mantener cada una dentro de su rango de temperatura durante todo el trayecto, desde la carga hasta la entrega.

Un producto congelado puede necesitar mantenerse a -18 °C, mientras que determinadas carnes frescas no deben superar los +7 °C, las aves y los conejos los +4 °C y la carne picada los +2 °C. Son necesidades diferentes que, sin embargo, no tienen por qué traducirse necesariamente en rutas independientes.

Ahí entra en juego el transporte multitemperatura: la posibilidad de gestionar en un mismo servicio mercancías con diferentes necesidades térmicas mediante espacios diferenciados y un control preciso de las condiciones de conservación.

Una ruta, diferentes temperaturas

El principio parece sencillo: dividir el espacio de carga en distintas zonas capaces de mantener condiciones térmicas diferentes. En la práctica, exige mucho más que instalar una separación física.

El Acuerdo sobre Transportes Internacionales de Mercancías Perecederas (ATP), recogido en el BOE, establece las condiciones que deben cumplir los equipos destinados al transporte de productos perecederos y contempla unidades frigoríficas capaces de trabajar en distintos rangos.

Esta capacidad técnica permite adaptar el transporte a las necesidades de mercancías congeladas y refrigeradas y organizar la carga de manera que cada producto permanezca dentro de las condiciones requeridas durante el trayecto.

En el caso de Soapa Europa, por ejemplo, los servicios multitemperatura trabajan principalmente con dos rangos: entre -18 ºC y -20 ºC para productos congelados y entre 0 ºC y +4 ºC para refrigerados.

El objetivo es el mismo independientemente del tipo de mercancía: mantener una cadena de frío estable desde el origen hasta el destino.

Consolidar para aprovechar mejor cada trayecto

El interés de la multitemperatura no reside únicamente en el control térmico. También está relacionado con una cuestión básica de eficiencia logística: aprovechar mejor cada desplazamiento.

Cuando un cliente necesita distribuir productos congelados y refrigerados a destinos coincidentes o próximos, separar cada categoría en servicios independientes puede implicar más vehículos, más kilómetros y una menor utilización de la capacidad disponible.

Consolidar diferentes necesidades térmicas en una misma ruta permite plantear la operación de otra manera. En lugar de organizar el transporte exclusivamente alrededor de la temperatura de cada producto, es posible estudiar conjuntamente destinos, volúmenes, horarios de entrega y requisitos de conservación.

El objetivo es reducir movimientos innecesarios y aprovechar mejor la capacidad de carga. Para el cliente, esta optimización puede traducirse en una estructura logística más eficiente y en un mejor control de los costes asociados al transporte, especialmente en operaciones con volúmenes que no justifican vehículos completos para cada rango térmico.

Pero consolidar no significa mezclar sin criterio. Precisamente, cuanto mayor es la complejidad de la carga, mayor debe ser la planificación.

La seguridad sigue marcando los límites

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) considera el transporte una etapa relevante para garantizar la higiene y seguridad de los alimentos. Las condiciones de los vehículos, la limpieza, la separación de productos y el mantenimiento de temperaturas adecuadas son aspectos fundamentales durante el desplazamiento.

Por eso, la eficiencia nunca puede conseguirse a costa de las condiciones de conservación.

El Reglamento (CE) 852/2004 establece que los medios de transporte deben permitir proteger los alimentos frente a la contaminación y, cuando sea necesario, mantenerlos a temperaturas adecuadas y permitir su control.

Esto obliga a trabajar con vehículos correctamente acondicionados, sistemas de control y procedimientos de carga y descarga que reduzcan las variaciones térmicas. A ello se suma otro elemento fundamental: la trazabilidad. Registrar las condiciones a las que ha estado sometida la mercancía permite detectar desviaciones y comprobar que se han mantenido las condiciones previstas durante el recorrido.

La trazabilidad en el transporte refrigerado se convierte así en una garantía adicional de seguridad, especialmente cuando una misma operación integra productos con necesidades diferentes.

La eficiencia está en diseñar bien la ruta

La multitemperatura permite pasar de una lógica de "un tipo de producto, un transporte” a otra basada en la optimización conjunta de la operación.

No se trata simplemente de introducir congelados y refrigerados en un mismo vehículo. Se trata de estudiar qué mercancías son compatibles, qué temperaturas necesitan, cómo deben distribuirse dentro del espacio disponible, en qué orden deben realizarse las entregas y cómo mantener el control térmico durante todo el recorrido.

La monitorización es especialmente importante para evitar pérdidas durante el transporte de productos sensibles a la temperatura, ya que permite identificar posibles anomalías antes de que comprometan la mercancía.

Cuando todas estas variables se coordinan, una misma ruta puede responder a necesidades diferentes sin renunciar a la seguridad alimentaria.

Para operadores y clientes, el resultado es una logística capaz de aprovechar mejor los recursos disponibles, reducir desplazamientos innecesarios y optimizar costes, manteniendo aquello que no admite negociación en la cadena de frío: que cada producto llegue a destino dentro de las condiciones que necesita.


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