Estrategias para reducir el impacto ambiental en la logística de alimentos

El transporte de alimentos tiene un coste medioambiental que pocas veces figura en la etiqueta del producto.

Los datos son contundentes: las "millas alimentarias" a escala global equivalen a aproximadamente 3.000 millones de toneladas de CO? equivalente al año, lo que convierte al transporte en responsable del 19% de las emisiones totales del sistema alimentario mundial. 

En España, la presión es doble: somos un país periférico con una cadena agroalimentaria intensamente exportadora, y el transporte por carretera representa más del 80% de la movilidad total de mercancías a nivel nacional, según fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

En el caso de las frutas y verduras, el impacto es especialmente pronunciado: el transporte genera el 36% de las emisiones de sus propias millas alimentarias, aproximadamente el doble de lo que produce su cultivo. En España, la presión es estructural: el transporte por carretera representa más del 80% de la movilidad total de mercancías a nivel nacional, con una dependencia de combustibles derivados del petróleo que supera el 90% del total de energía consumida en el sector.

El cierre casi total del Estrecho de Ormuz, tras los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha disparado los precios de la energía en Europa: el gas ha subido un 70% y el petróleo un 50%, con una factura adicional estimada en 13.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles. Para el transporte por carretera, el impacto es inmediato. Como ya advirtió Francisco Aranda, presidente de UNO Logística, la volatilidad energética afecta de forma inmediata a la actividad. Aranda recuerda además que el combustible representa alrededor del 40% de los costes de explotación del transporte por carretera. La transición hacia modelos más eficientes no responde solo a objetivos climáticos: también es una necesidad económica.

El peso de la cadena de frío

La logística de alimentos perecederos tiene una particularidad que agrava su huella ambiental: la refrigeración nunca se apaga. Según un informe de AENOR, el 70% de las emisiones del sector de alimentos congelados proviene de la energía utilizada para mantener la cadena de frío. A eso se suman datos del International Institute of Refrigeration, que dicen que alrededor del 20% de todos los alimentos transportados a nivel mundial requieren condiciones de temperatura controlada, lo que implica vehículos frigoríficos con un consumo energético significativamente mayor al del transporte convencional.

El problema no es solo la distancia. Es la combinación de distancia, energía y refrigerantes. Los equipos de frío diésel instalados en los semirremolques -durante décadas la solución estándar- no están actualmente regulados en cuanto a eficiencia, lo que deja un margen de mejora considerable que las empresas más avanzadas ya están empezando a explotar.

Renovación de flota: de la obligación a la ventaja

El panorama regulatorio se endurece. Ya no basta con conservar la cadena de frío; se exige eficiencia energética, reducción de emisiones y renovación de flotas hacia tecnologías más limpias. La respuesta del sector está siendo gradual pero creciente.  El 41% de las empresas de transporte y logística en España ya está renovando su flota para hacerla más sostenible.

Optimización de rutas y reducción de kilómetros vacíos

Una de las estrategias con mayor retorno -tanto económico como ambiental- es la optimización de rutas mediante software de gestión de flota. Menos kilómetros en vacío significa menos combustible consumido y menos emisiones generadas. La consolidación de envíos y la planificación de retornos con carga permiten amortizar el coste energético de la refrigeración entre más toneladas transportadas, mejorando simultáneamente la rentabilidad y el ratio de emisiones por unidad de producto.

En el transporte frigorífico entre España y Portugal,  un corredor de alta intensidad para la distribución alimentaria, la optimización de rutas tiene un impacto directo y medible sobre la huella de carbono de cada operación.

Energías renovables en almacenes y plataformas

La sostenibilidad no empieza en la cabina del camión. Los almacenes frigoríficos son grandes consumidores de energía eléctrica, y la integración de fuentes renovables en estas instalaciones es una palanca de reducción de huella cada vez más accesible. La instalación de paneles fotovoltaicos de autoconsumo en plataformas logísticas permite desacoplar parcialmente la operación frigorífica del consumo de red convencional, con períodos de retorno de la inversión cada vez más cortos.

Refrigerantes de bajo impacto y tecnología inteligente

Otro vector de mejora es la sustitución de refrigerantes tradicionales por alternativas de menor impacto ambiental. El uso de sistemas con refrigerantes como el CO?, combinado con contenedores que ajustan automáticamente temperatura y humedad según el tipo de alimento, maximiza la frescura del producto y minimiza el desperdicio. Reducir el desperdicio alimentario, de hecho, es en sí mismo una estrategia de sostenibilidad: cada tonelada de alimento que llega en condiciones óptimas evita las emisiones asociadas a su reposición y eliminación.

Multimodalidad: el tren como alternativa infrautilizada

España dispone de infraestructura ferroviaria que el sector logístico alimentario utiliza de forma todavía marginal. El potencial es significativo: el tren tiene un impacto ambiental veinte veces menor que el transporte por carretera por tonelada transportada. Incorporar el ferrocarril en los tramos de larga distancia -especialmente en corredores de exportación hortofrutícola hacia Europa- y reservar el camión para la distribución capilar final es un modelo que operadores punteros ya están explorando con resultados positivos.

La sostenibilidad como factor de competitividad

Los clientes del sector alimentario -cadenas de distribución, fabricantes, exportadores- incorporan cada vez más criterios ambientales en la selección de sus operadores logísticos. Disponer de datos verificables sobre huella de carbono, certificaciones ATP actualizadas y flotas en proceso de renovación ya no es un diferencial opcional: es un requisito de acceso a determinados contratos.

En Soapa llevamos décadas especializados en el transporte frigorífico entre España y Portugal. La evolución del sector nos exige seguir invirtiendo en eficiencia, tecnología y reducción del impacto ambiental de cada ruta. No como tendencia, sino como parte de nuestra responsabilidad con los clientes y con el territorio en el que operamos.


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